Por Alexandra Christiansen, gestora de cartera de la estrategia Global Climate Transition Engagement de Nordea AM

La transición energética sigue representando uno de los reajustes económicos más significativos de nuestro tiempo. El cambio hacia sistemas con menores emisiones de carbono está impulsando transformaciones significativas en la asignación de capital, la regulación, las preferencias de los consumidores y la innovación tecnológica.

Estos cambios ya están teniendo un impacto profundo en los fundamentales de una gran cantidad de compañías en los mercados globales, creando múltiples oportunidades que los gestores activos podrán aprovechar en los próximos años.

No obstante, los recientes cambios políticos han generado cierta incertidumbre, especialmente en torno a los incentivos para la descarbonización y lo que esto podría significar para los flujos de caja futuros de las empresas expuestas a la transición. Gran parte de este debate se centra en Estados Unidos, donde la postura política del Gobierno actual ha cambiado claramente. Aunque el gasto en descarbonización de Estados Unidos puede ser moderado, seguimos viendo un crecimiento significativo de la inversión en energías limpias durante la próxima década. Esto se debe, en última instancia, a los favorables fundamentales económicos de la energía limpia.

También es importante situar a EE.UU. en un contexto global. Aunque Estados Unidos tiene un peso enorme —y seguimos encontrando oportunidades de inversión atractivas en la mayor economía del mundo—, no es el principal motor de la descarbonización mundial.

China, en particular, sigue siendo fundamental en esta ecuación. Representa aproximadamente una cuarta parte de las emisiones globales y prácticamente la totalidad del aumento de emisiones durante la última década. Sin embargo, también lidera la apuesta mundial por las energías renovables. Solo el año pasado, China instaló aproximadamente siete veces más capacidad de electricidad renovable que Estados Unidos. Estas cifras ponen de relieve por qué la transición energética sigue siendo una megatendencia mundial, que ningún inversor puede permitirse ignorar.

Generando un impacto real

A pesar de ello, muchos inversores centrados en el clima siguen evitando o infravalorando los sectores difíciles de descarbonizar, precisamente donde este cambio de paradigma será más pronunciado. Aunque esto puede dar lugar a unas emisiones globales bajas en la cartera, también tiene un impacto limitado en el mundo real.

Esto significa mirar más allá de los proveedores de soluciones y fijarse en aquellas partes de la economía en las que los incentivos para la descarbonización son más sustanciales y en las que aún se debate el camino a seguir. A menudo se trata de industrias pesadas, como los servicios públicos, los materiales y la industria.

Sin embargo, muchas empresas que desempeñarán un papel en la economía sostenible del futuro siguen sin estar bien comprendidas y, como consecuencia, mal valoradas. Invirtiendo en estas oportunidades pasadas por alto y manteniendo un diálogo con los equipos directivos, podemos desbloquear su potencial de valor, exigiendo a estas empresas que asuman su responsabilidad en convertirse en actores más sostenibles y relevantes en la economía verde del futuro.

Un buen ejemplo es Heidelberg Materials, que ha sido muy bien recompensada por el mercado este año, ya que sigue demostrando una descarbonización creativa de valor con la primera producción de cemento sin emisiones de carbono, que está alcanzando una clara prima.

Descarbonizar el auge de la IA

La generación eléctrica está experimentando una rápida transformación, impulsada no solo por políticas climáticas, sino también por el aumento de la demanda eléctrica de los centros de datos que sostienen el fenómeno de la inteligencia artificial (IA). En nuestra opinión, la descarbonización será clave para cubrir las necesidades energéticas de la IA, especialmente considerando que muchas grandes tecnológicas han asumido compromisos muy estrictos con la energía limpia.

Los inversores han estado siguiendo de cerca a las empresas de servicios públicos capaces de crecer de manera significativa a medida que las redes se expanden y pasan a fuentes de generación más baratas y limpias. Un buen ejemplo de otra empresa que se encuentra en el lado correcto del cambio es la empresa alemana de servicios públicos RWE, que está abandonando la generación de energía a partir del carbón y sigue ofreciendo una serie de proyectos renovables muy interesantes.

Por otra parte, los productores de materiales relacionados con las tendencias de electrificación, como las mineras de cobre, también siguen siendo fundamentales para la transición. A pesar de su elevada huella ambiental, excluir a estas empresas significaría ignorar su papel esencial como facilitadores de la electrificación. Aquí, Antofagasta, cotizada en Londres, ha salido especialmente beneficiada.

De cara al futuro, independientemente de los posibles cambios en el entorno regulatorio, la eficiencia energética sigue siendo una tendencia estructural sólida, ya que siempre representa un sentido económico para las empresas. Al mismo tiempo, la transición en sectores de difícil descarbonización—especialmente en Europa, donde se están eliminando los derechos de emisión gratuitos y se ponen en marcha nuevos mecanismos como el ajuste en frontera por carbono—está alcanzando una fase crítica. Esta combinación de una mayor regulación, nuevas tecnologías y cambios en la demanda de los clientes probablemente generará volatilidad, pero también, en nuestra opinión, un universo de oportunidades muy atractivo para los inversores.

La referencia a empresas u otras inversiones mencionadas no debe interpretarse como una recomendación para que el inversor compre o venda las mismas, sino que se incluye únicamente con fines ilustrativos. El valor de su inversión puede subir o bajar, y podría perder parte o la totalidad del dinero invertido.