Por René Petersen, gestor principal de la cartera de la estrategia Empower Europe de Nordea
A medida que el mundo se vuelve más impredecible, escaso en recursos energéticos y competitivo desde el punto de vista estratégico, Europa se ha visto obligada a aumentar sustancialmente su gasto. Estamos asistiendo a un ciclo de inversión de gran alcance que abarca la energía, la capacidad industrial, la defensa y la ciberseguridad.
Hasta hace poco, el modelo económico europeo era fácil de entender. Se beneficiaba de la energía rusa barata, de cadenas de suministro globales eficientes y de un entorno de seguridad relativamente favorable. Esto ya no se sostiene hoy. La pandemia, la invasión rusa de Ucrania, las renovadas tensiones comerciales y un orden geopolítico más fragmentado han puesto al descubierto diversas vulnerabilidades.
Los retos de Europa se reflejan en el informe Draghi de 2024, ya que estima que serán necesarios entre 750.000 y 800.000 millones de euros adicionales de inversión al año de aquí a 2030 para alcanzar los objetivos europeos en competitividad, transición energética, digitalización y defensa.1
La clave para los inversores es si este ciclo de inversión impulsará el crecimiento sostenible y qué empresas europeas están mejor posicionadas para aprovecharlo, no solo por recibir fondos públicos, sino por su capacidad de aportar tecnología y soluciones indispensables para materializar esas inversiones.
Reforzar la resiliencia energética
El avance hacia la resiliencia energética es clave en la transformación europea. Aunque ha reducido su dependencia del gas ruso, Europa sigue expuesta a shocks internacionales y geopolíticos, como el reciente conflicto en Oriente Medio, lo que refuerza la necesidad de aumentar la generación nacional, fortalecer redes y mejorar la eficiencia y el almacenamiento.
Por ello, el foco ahora está en modernizar las redes eléctricas y el transporte de energía para cubrir la mayor demanda de renovables, industria y transporte, junto a medidas como la eficiencia energética, el almacenamiento y el uso de nuevas tecnologías.
La Comisión Europea estima que se necesitarán 584 000 millones de euros de inversión en infraestructuras eléctricas de aquí a 2030, mientras que se prevé que el consumo de electricidad en la UE aumente en torno a un 60 % entre 2023 y 20302. Para 2040, se requerirán unos 730.000 millones de euros para la expansión de la red de distribución y 477.000 millones para la de transporte3.
Las energías renovables y la generación de energía limpia siguen siendo fundamentales. Sin embargo, para lograr una mayor escala será imprescindible ampliar la capacidad y flexibilidad de la red. Por ello, el capital fluye hacia redes reguladas, proveedores de equipamiento y cadenas de suministro industriales que hacen posible la electrificación y consolidan una cadena de inversión atractiva más allá de las propias utilities.
Junto a la energía, la seguridad ha pasado de ser una preocupación esporádica para convertirse en un desafío estructural europeo. Esto obligó a los gobiernos y a las instituciones a destinar más recursos a defensa, aeroespacial, infraestructuras críticas, protección de datos y comunicaciones.
Los Estados miembros de la UE destinaron 343 000 millones de euros a defensa en 2024, lo que supone un aumento del 19 % con respecto a 2023. La inversión en defensa superó los 100 000 millones de euros por primera vez, alcanzando aproximadamente los 106 000 millones de euros, mientras que la adquisición de equipamiento aumentó un 39 %, hasta los 88 000 millones de euros4. Esto amplía las oportunidades para inversores no solo en grandes grupos, sino en todo el ecosistema de empresas tecnológicas y especializadas del sector defensa en Europa.
Esto es especialmente relevante porque la contratación pública de defensa depende cada vez más de la tecnología, desde radares y drones hasta ciberseguridad y materiales avanzados, lo que abre oportunidades más allá de los grandes contratistas y da protagonismo a empresas especializadas dentro de la cadena de suministro europea.
Oportunidades en empresas de pequeña y mediana capitalización
La revitalización europea no dependerá solo de grandes grupos, sino también de empresas especializadas capaces de aportar tecnología, componentes y conocimiento técnico, especialmente entre las compañías de pequeña y mediana capitalización.
La UE cuenta con unos 34 millones de pymes, que representan el 99,8 % del tejido empresarial. Aunque las pymes no son sinónimo de empresas de pequeña y mediana capitalización que cotizan en bolsa, los datos ilustran la solidez de la base empresarial e industrial europea más allá de las grandes empresas que cotizan en bolsa.5
Firmas que operan en ámbitos como la automatización industrial, sensores, gestión de la energía, ciberseguridad, ingeniería o equipamiento para redes eléctricas desempeñan un papel crucial en este proceso de transformación, a menudo con menos visibilidad que los grandes nombres.
Para los inversores, la clave es identificar no solo empresas expuestas a la transición, sino aquellas con tecnología y capacidad real para convertir la demanda en crecimiento y rentabilidad, especialmente fuera de los grandes índices y en sectores clave.
Las crecientes inversiones en energía, industria, defensa y ciberseguridad refuerzan la seguridad económica de Europa y abren oportunidades para quien sepa detectar las compañías que transformarán estos recursos en valor y resiliencia a largo plazo.